Una semilla de bendición

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La historia de La Alianza en Colombia está marcada por la fidelidad de Dios en todos y cada uno de los lugares donde grandes valientes de la fe abrieron camino para que el mensaje de Jesús se extendiera hasta remotos lugares por más de 90 años.

Es muy emocionante ver que con el pasar de los años y las generaciones, en muchas de nuestras sedes, Dios continúa construyendo historias sorprendentes que han influido en la vida de miles de personas.

Ya han pasado cerca de 50 años desde que Dios llevó a Demetrio Quimbaya hasta San Antonio de Anaconia, un pequeño caserío en el camino entre la capital del Huila y el corregimiento de Vegalarga; este miembro de la sede en Neiva recibió el llamado de ir a predicar la Palabra a las comunidades campesinas de la zonal rural de este municipio y fue por medio de él que Dios sembró la primer semilla para este lugar.

A partir de allí se forjaron distintas generaciones de pastores que posteriormente Dios utilizaría ministerialmente en toda la región, como los pastores Otto y Gustavo Figueroa. La población de San Antonio es en su mayoría son familias campesinas que viven de cultivar la tierra y están ubicadas en veredas a lado y lado de las montañas, desde donde cada fin de semana nuestros hermanos recorren largas distancias para congregarse en la vieja casona que por décadas ha servido como templo, hogar y lugar de reunión.

Con la finalización del conflicto hace algunos años, poco a poco toda esta región ha tenido una gran reactivación de sus campos, muchas familias han regresado y el trabajo de la iglesia también ha ido creciendo, razón por la cual Dios el sueño de construir un nuevo lugar para continuar siendo de bendición a esta comunidad.

Al tener la certeza que este era un proyecto nacido en el corazón de Dios para bendición de esta población, comenzaron a orar y obrar en fe para hacer este sueño realidad con la certeza que Dios iba a proveer lo necesario. Con el apoyo de la sede hermana en el corregimiento de Vegalarga se iniciaron los primeros trabajos y sin contar con mucho presupuesto todos los miembros se unieron para aportar y trabajar; actitud que Dios premió pues cuando dieron el primer paso, inmediatamente la provisión divina que estaban esperando se hizo realidad.

En menos del tiempo estipulado pudieron terminar el templo que anhelaron por generaciones, y el cual fue inaugurado el pasado 20 de Julio; 50 años después de haber bautizado en este lugar a los primeros 6 creyentes de la congregación.

Hoy con alegría esta congregación ha evidenciado que la fidelidad de Dios para con ellos nunca se ha cortado, y que esa primer semilla que Dios sembró en 1969 sigue germinando y trascendiendo en la vida de las nuevas generaciones, cumpliendo su sueño de seguir siendo un lugar de bendición para toda esta región.