Un Discípulo Universal

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La sociedad en la que vivimos ha cambiado y lo seguirá haciendo, es una constante en todos los aspectos de la vida humana. Nuestro mundo no es el mismo que aquel cuando nacemos, hay otra realidad en la que nos encontramos inmersos, la globalización y la postmodernidad.

La globalización nos vincula directamente con la economía, la tecnología y las comunicaciones que han vuelto al mundo un pequeño recinto, donde todos estamos informados y afectados al mismo tiempo.

La postmodernidad nos introduce en la cultura, que da como resultado un nuevo tipo de ciudadano con una cosmovisión y filosofía de vida relativista, donde todo está determinado por la conveniencia o utilidad que brinde.

Esta es una gran oportunidad que podemos aprovechar, para fundamentar a los discípulos de Jesús como ciudadanos universales, que tienen la perspectiva de mensaje del evangelio que supera regionalismos, localismos y  parroquialismo para ponernos en contacto con un mundo global.

Con la globalización se dan los movimientos migratorios, circunstancias que debemos aprovechar y desarrollar la concienciación de llevar el mensaje del Evangelio y la  apertura de nuevas iglesias por todas partes.

Las expresiones bíblicas de “Jerusalén, Judea, Samaria y hasta lo último de la tierra” se pueden considerar como una nueva perspectiva global de la tarea que debemos realizar, no hay fronteras que detengan el cumplimiento de la misión.

Un cristianismo sin fronteras nos anima e involucra en la tarea misional, donde todos los creyentes servimos al desarrollo y cumplimiento de los propósitos de Dios, la extensión de su Reino. Esto hace que desaparezca la pasividad ya que cada uno entendemos  que somos  parte de un gran equipo, interesado en buscar a las personas y mostrarles cómo el evangelio les brinda una vida distinta.

Desde esta perspectiva misional, no existe una forma de comunicar el mensaje del evangelio, se debe hacer uso de múltiples metodologías y maneras de acercar la iglesia a la gente y la gente al Señor Jesucristo.

El discípulo universal debe impactar su entorno, tener integridad en las relaciones, ser como las personas que lo rodean y al mismo tiempo distinto a ellos (integridad, generosidad, honestidad, verdad y transparencia.

Los movimientos migratorios internos y externos, son vehículos que Dios utiliza, para que realicemos la misión de extender su Reino en una sociedad marcada por la incertidumbre y la angustia del futuro.

Por Luis Efrén Grueso