Una Sentencia Incumplida

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Cuando una persona, una familia o un pueblo practica la maldad en cualquier aspecto, es común que la gran mayoría esperemos que sobre él o ellos recaiga el juicio divino y tengan un castigo ejemplar, sin embargo muchas veces su fin no es lo que esperamos, aunque las personas pueden ser extremadamente perversas, violentas y rebeldes.

Jonás 3:10, 4: 10-11

Nínive llegó a ser parte del complejo de ciudades capitales del imperio Asirio, era una ciudad importante y se cree que Jonás era un reconocido estadista y profeta que había anunciado algunas de las grandes victorias del rey de Israel, por eso sus palabras eran tenidas muy en cuenta por los pueblos vecinos y aunque inicialmente trató de evadir el llamado de Dios, no pudo escapar de la responsabilidad de anunciar un mensaje de sentencia divina para Nínive.

Nínive como representación del ser humano
Esta ciudad fue sentenciada por Dios a ser destruida en un tiempo cercano, porque sus gobernantes y el pueblo en general se habían convertido en una amenaza para la convivencia de la región. Por esta razón el Señor busca a un mensajero con credibilidad para que advierta a sus pobladores del juicio que se acercaba. Jonás 3: 4.

Dios de alguna manera busca la forma para que todos los hombres conozcamos el gran peligro  que representa, para la eternidad, vivir y morir apartados de Él.

La predicación del mensaje del amor de Jesús debe ser realizada por personas transformadas, que garanticen credibilidad ante el pueblo, para que el mensaje cumpla con el propósito de arrepentimiento y la búsqueda de Dios. Jonás. 3: 5-9.

Jonás no entendió el plan de Dios
Jonás era un hombre radical y terco en sus decisiones, él esperaba ver la total destrucción de Nínive tal como lo había anunciado; pero Dios con su infinita misericordia miró la actitud de arrepentimiento del rey y todos los habitantes de esta ciudad, les extendió su amor, perdonando sus maldades y anulando la sentencia de destrucción, dándoles una oportunidad para que vivan teniendo en cuenta a Dios en todas sus acciones. Jonás 3:10.

Dios nos enseña a tener compasión
En esta parábola Dios nos sorprende con su compasión, Él puede cambiar de opinión al ver el verdadero arrepentimiento de las personas cuando están dispuestas a cambiar su conducta de maldad. Jonás 4:11.

Nuestros pensamientos terrenales son diferentes a los de nuestro Padre Celestial, en ocasiones queremos hacer sentir nuestro poder y autoridad sobre los demás sin demostrar compasión ante el arrepentimiento de quienes nos piden perdón, creyendo que de esta forma nos hacemos más fuertes.

Dios está dispuesto siempre a perdonarnos cuando le buscamos en verdadero arrepentimiento, pero esta misma compasión debemos replicarla en los demás y así tendremos paz en nuestro diario vivir.

Dios tuvo la compasión al cambiar una sentencia de destrucción que había sido anunciada, entonces, si nos arrepentimos podemos tener la seguridad que al buscar su perdón lo vamos a obtener.

Por: Vicente Valencia